18 agosto 2008: Suedkurier
13:01 | 18 Agosto 2008 | Comunicación y prensa
Enchiriadis Zaragoza entusiasmó al público con la diversidad e intensidad de sus voces
(www.suedkurier.de)
Se llaman Conjunto Vocal Enchiriadis Zaragoza e hicieron honor a su nombre el sábado en el marco de los conciertos de la catedral de este año. El primer premio conseguido este año en el concurso de Burgos confirma la homogeneidad con la que interpretan. El conjunto representa la capacidad individual de cada uno de sus miembros. Enchiriadis, tratado musical, lo aplica de una manera muy especial. Incluso el nombre de su ciudad parece obligar.
Las catorce voces femeninas y una voz masculina son músicos profesionales con una técnica vocal, articulación y formación del sonido extraordinarios. Su fundador y director, Jorge Apodaca Aisa, es uno de los solistas de la opera Carmen de Bizet que se representa en la EXPO 2008. Así pues el coro está formado por dieciséis individuos de gran rendimiento que se deben tanto a la comunidad musical como a su diversidad.
En el undécimo concierto de la catedral la heterodoxia saltaba a la vista. El coro se dispone en un círculo histórico y no como bloque de voces. Se sitúan ante atriles de manera que los brazos liberan el pecho y posibilitan la resonancia para el volumen de la voz. Estas 15 voces son capaces de llegar a la altura de un coro muy grande. Una sola de las voces llena la catedral incluso desde la parte alta del coro. Esto le da al director posibilidades dinámicas sin límites y Aisa sabe sacar partido de ellas. El timbre de cada una de las voces lisonjea al oído. A las altas sopranos no se les oye ni una pizca de estridencia. Las altos alcanzan profundidades fuera de lo común de manera que las cantantes en conjunto femenino están homogéneamente integradas tanto en el timbre como en la tesitura.
La posibilidad de destacar a cada una de las voces es otro de los tesoros de los que dispone Aisa. Con la mirada, los dedos, los brazos y el movimiento del cuerpo no solo dirige si no que también indica las zonas del pecho de las que debe salir el sonido que él quiere. Antes de cada canción canta de forma melódica y rápida algunos tramos difíciles adelantando de esa manera los temas y los motivos para los espectadores, lo cual hace el concierto más transparente.
El repertorio del siglo XIX y predominantemente del XX rememora todo tipo de estilos y revela la competencia rítmica del coro. Christoph Wartenweiler introducía el órgano en ocasiones como una voz más. Al profesor de la escuela de música de St. Gallen no le resultó difícil ni siquiera cuando la distancia de la nave central le privó del contacto directo con el director. Su actuación no supuso en ningún momento una competencia a las voces sino que las complementaba. Ya en otros conciertos en la catedral había dejado claro que se podía confiar en el con estos desafíos dinámicos. Wartenweiler fue el complemento ideal para el coro. En los solos de órgano exhibió nuevamente su riqueza de ideas y conocimiento de la materia como director de los cursos de improvisación. También complementó el concierto con su propio repertorio de Bach, Fauré, Rheinberger y Guilmant.
La ultima moneda en este cofre del tesoro que fue el concierto fue el aprovechamiento de la diversa acústica de la catedral. El coro se desplazó del órgano a una formación en el altar central, cantó en círculo bajo la cúpula o desde las columnas. En el bis un clarinetista asumió la voz principal. Su melodía Kelzmer terminó siendo una alfombra de gran colorido para las voces del coro que cantaba desde las columnas. Mientras las vocalistas se dirigían hacia la salida por los laterales, el clarinete les seguía por el centro. Esto pintó un cuadro de sonido de gran intesidad en la catedral. Sólo el órgano lo habría podido intensificar más. Entre los conciertos de la catedral, en los que suele haber una gran calidad, este undécimo concierto se ha convertido en uno de los highlights.
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