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5 de julio de 2009, Heraldo de Aragón

11:13 | 7 Julio 2009 | Comunicación y prensa

La humildad del grande
Luis Alfonso Bes (www.heraldo.es)

Heraldo de Aragón, 5 de julio de 2009‘A CAPELLA’, sin necesidad de instrumentos que den la pauta, sin acordes que sirvan de guía, el grupo vocal femenino Enchiriadis demostró que forma parte de la elite coral no solo en Aragón, sino que aguanta la comparación con los mejores coros de su naturaleza nacionales e internacionales. Y esto lo han conseguido en tan solo cuatro años, sin autocomplacencias, sin grandes presupuestos, con humildad y trabajo bien hecho.

En Virita Criosa, de T. Jennefelt, resaltaron bien sus sonoridades transparentes con una línea de canto embellecida con un envoltorio armónico de emulación instrumental. El desafío de las difíciles armonías en disonancia no alteró una afinación en todo momento irreprochable. A lo largo del concierto dejaron claras las razones de su incipiente éxito: una grandísima articulación, con timbre bello, fraseo bien acentuado, emisión decidida siempre con absoluto control del volumen y una impostación generalmente profunda, incluso en esos agudos femeninos.

La dirección de Jorge Apodaca dejó una impronta indeleble en el resultado sonoro, con un control inequívoco del ritmo, sin caer en las laxitudes propias de concepciones intuitivas del tempo.

Tras las explicaciones del presentador Juan Barbacil, Apodaca, verdadero metódico del sonido, redistribuía la posición de su coro para atacar un Salve Regina, de J. Busto, con depuradísimo empaste, seguido del tonal Kyrie, de H. Hammarström, donde el conjunto se zambulló en un flujo sonoro homogéneo, una única corriente acústica con tal grado de compenetración que las coralistas parecieron entrar en un placentero estado alfa.

Un misticismo que siguió en el Ave Verum, de F. Poulenc, que surgió profundo, con melismas de gran belleza, al igual que su Le petit garçon malade, cuyos cromatismos resonaron bien dotados de eficacia expresiva en el colosal Teatro Romano. El único pero fue el aforo de la azotea que, restringido a 125 plazas -de ellas 70 sentadas-, dejó fuera a mucha gente, mientras que semejante graderío romano de seis mil plazas permanecía vacío ahí abajo. Inaccesible para la música. Toda una paradoja.

Algo corto el concierto, de menos de una hora, y excesivo ruido, en algunos momentos, procedente de la planta calle.

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